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29 de marzo de 2007

Con dos tacones

Toda la vida he tenido una ligera obsesión por los zapatos de tacón, heredada directamente de mi madre.

Cuando era pequeña, me regalaron los típicos que iban con el vestido de sevillana. Siempre me acordaré de ellos, verdes con lunares blancos. Fastuosos. Y claro, yo me los ponía no sólo para disfrazarme de faralaes, sino en cualquier ocasión. Incluso entre las 12:30 y las 2 que iba a comer a casa del cole. Comerme las lentejas y el petisuí o no me daba igual, pero que me dejasen estar con mis zapatines de tacón era fundamental.

Y cuando digo zapatos, incluyo botas, botines y sandalias, claro está. Pero el caso es que siempre me ha fastidiado tener que ponerme zapatillas de deporte (excepto para hacer deporte, obviamente) o zapatos rasos cuando las circunstancias del guión lo exigen. Me siento enana, gorda y poco agraciada.

Eso sí, el mundo se ve distinto sobre unos zapatos de tacón...

Como consecuencia de mi filia puedo afirmar que tengo los pies más horribles del planeta, pero ese es un pequeño precio que tengo que pagar por medir siempre entre 5 y 15 centímetros más. Quiero decir con esto que podría apagar un cigarro puro en la planta de mis pies sin que notase nada, o caminar tranquilamente sobre brasas encendidas. Muy verídico todo.

Eso por no hablar de las veces que he llegado a casa con los zapatos en la mano o caminando como el gran Gregorio de la calzada. O cuando llevo todas las tiritas que vienen en una caja pegadas en mis pies. O lo del gran invento de las Plantillas Party Feet del Dr. Scholl (¡gracias!).

Mi última obsesión son los zapatos Louboutin. Ya sé que son muy caros y el hecho de que famosas como Christina Aguilera o Jessica Simpson sean adictas a ellos no quiere decir nada, porque también son adictas a la chapa y pintura o al agua oxigenada para el pelo y no por ello sigo sus dictados. Pero es que los Louboutin son de morirse del gusto.

Así que he conseguido una imitación muy aceptable en Ebay, la gran web de consuelo de los pobres. Mis Louboutin falsos vienen de Alemania y ponérselos es una experiencia basada en alegres torturas germanas como la Dama de Hierro de Nüremberg, o algo parecido. Muy ponibles, vamos. Tanto, que ya me imagino a S. caminando alegremente por la calle y yo correteando detrás, como ya me ha pasado en otras ocasiones.

Y como no encontraba el momento para estrenarlos (ni creo que lo encuentre, pero yo soy así de práctica en mis compras) lo he hecho hoy mismo, mientras pasaba la fregona en casa.

¿Es o no es eso glamour?

¡Con un par....! (de tacones)

13 de marzo de 2007

Have you ever seen the rain?

A veces escucho una canción y me resulta tan evocadora que el sólo hecho de oir los primeros acordes me transporta a un momento determinado, aún no sé muy bien por qué. Y si bien es cierto que podría haber escuchado, por ejemplo, "Para no olvidar" de Los Rodríguez mientras estudiaba para un examen oral de Derecho Internacional Privado o estaba ingresada en el hospital para que me arrancasen las muelas del juicio, lo cierto es que me recuerda a cierto bar, hace miles de veranos, con aquel grupo de amigos.

Y es que casi siempre se trata de momentos felices, no me gusta recordar cosas tristes mientras escucho música, nunca fui de torturarme con canciones (Bueno quizás únicamente durante la adolescencia, pero eso es algo que nos pasa a todos, supongo).

También me ocurre con "Have you ever seen the rain" de la Creedence Clearwater Revival. Que es escucharla y resulta que es el verano pasado, y estoy con S. , con R. y con N. tomando unas cervezas, con el sol acariciándonos la piel, y de repente empieza a sonar música en directo. Y sólo estamos nosotros cuatro y la banda tocando, pero pronto empezamos a bailar, a cantar y a dejarnos llevar por la música. Y enseguida se unen unos cuantos más. Y da pena que a esta banda no la puedan estar escuchando miles de personas en ese momento, pero da igual, la ocasión se merece que todos coreemos y aplaudamos como si estuviésemos en un concierto multitudinario:

Someone told me long ago/ theres a calm before the storm
I know its been comin for some time
When its over so they say/ it will rain a sunny day
I know shinin down like water

I want to know, have you ever seen the rain?
I want to know, have you ever seen the rain...
Comin down on a sunny day?

S. y yo hemos recordado aquel momento muchas veces a lo largo del invierno. Y la semana pasada nos encontramos a R. y a N. y nos confesaron que inesperadamente también lo recordaban como lo mejor del verano pasado. Algo tan simple, ya véis...

P.D.- Y ahora resulta que este tema es la melodía que han elegido para un anuncio de televisión de cierto Parque Temático. El lugar donde ocurrió aquello. Así que si algún día venís por aquí, no dejéis de visitarlo y de ir a ver a aquella pequeña banda que nos llegó a todos con una simple canción.
Y esto no es publicidad.

22 de febrero de 2007

Muñecas de papel

El otro día en casa de mis padres y a falta de algo más interesante que hacer, S. se dispuso a investigar en mi armario con la intención de encontrar antiguas cartas, fotos de ex-novios, o recuerdos por el estilo con los que saciar su curiosidad respecto a lo que fue mi vida antes de conocerle a él. Creyó haber encontrado un yacimiento cuando sepultada bajo montañas de ropa encontró una caja de zapatos forrada con papel de regalo de color turquesa estampado con ositos. ¡Quién sabría lo que podía contener aquel descubrimiento! Y menudo chasco se llevó el pobre S. con lo que se fue a encontrar. Más o menos un chasco tan grande como la alegría que me llevé yo al hallar las muñecas recortables (y a las que aquí llamamos "mariquitas", a saber por qué) con las que jugaba de niña, allá por los años 80...

Lo más gracioso es que nunca suelo acordarme de lo que he comido el día anterior, pero nada más abrir aquella caja, automáticamente fui recordando los nombres de mis pequeñas amigas de papel: Mariló, Montse, Carmencita, María Luisa o mi preferida Merche (atención a mi habilidad para bautizar a las muñecas con nombre de peluquera). Pero no sólo me sorprendí por recordar sus nombres, sino que mientras las sacaba una por una iba rememorando aquellas tardes de mi infancia rodeada de recortables de papel, tijeras de punta roma, rotuladores Pelikan o Plastidecores y jugando con mi vecinita I., sin que las mamás tuvieran que estar pendientes de si éramos acosadas por pederastas a través de internet o de si estábamos viendo apasionantes programas cuyo elemento principal es un polígrafo, por nombrar tan sólo dos de los grandes males para la infancia de este siglo.

Así que S. sigue lamentándose de no haber encontrado (todavía) la prueba definitiva de mi supuesto pasado de sexo, drogas y rock and roll. Y yo como una boba he alineado todas mis mariquitas sobre la mesa y me he reído con lo absurdo de los vestidos que les diseñaba dibujando sobre papel de libreta de dos rayas.

Definitivamente, nunca seré protagonista de "Hormigas Blancas". El pasado siempre vuelve...

24 de mayo de 2006

Atrapa un duende

Nunca me han gustado los peluches, ni cuando era pequeña ni ahora. Sin embargo de niña sentía una fascinación especial por Mimosín, el osito de los anuncios. Porque Mimosín no era un peluche cualquiera: hablaba, cantaba "en los momentos feliceees...." y saltaba encima de montones de esponjosas toallas. Algo parecido me pasaba con Gizmo, el Gremlin bueno, que era como tener un peluche pero te cantaba aquella canción tan dulce dentro de su jaulita. No sé si os acordáis. El hecho es que pienso que nunca me han gustado los peluches porque al lado de Mimosín o Gizmo, su inanimación me deprimía un poco.

Algo similar me ha pasado más recientemente con los Pelochos de la información telefónica. ¡Es que son tan graciosos! Con ellos en mi habitación nunca me aburriría. Sería como Jennifer Connelly en "Labyrinth" y mantendría conversaciones absurdas con los Pelochinos, a los que daría galletas Fontaneda Diver para merendar (en ocasiones soy sádica).

Pero ahora me he olvidado de todos ellos. Sí, porque ahora emiten un anuncio de la ONCE en el que salen unos duendes de la suerte que me tienen enamorada. Y en el anuncio son miles, y corretean por todas partes, y tienen un cascabelín colgado del cuello y se supone que la gente los tiene que perseguir porque traen la fortuna al que los atrape.

Lo acabo de decidir: quiero un Duende de la Suerte.

2 de enero de 2006

Surrealismo

Situación surrealista de esta mañana:

Estoy en la peluquería con todas las pinzas puestas en lo alto de la cabeza, y entra Sergio Dalma saludando al personal. Así que igualmente se acerca a darle la mano a mi peluquero y yo boquiabierta, y va y también me da dos besos y me dice: ’’Encantado, feliz año’’, a lo que yo sólo llego a contestar ’’Igualmente...’’. Y nada, se hace fotos con todos,me firma un autógrafo que pone ’’Lorena, besos, Sergio Dalma’’ y se va sin dejar de sonreir.

Y me miro de nuevo al espejo y veo que sigo con las pinzas sujetas en todo lo alto, y va Rubén el peluquero y me dice que si fuese Belén Esteban todavía, pero que el Dalma no le hace nada de ilusión. Y yo en ese momento cierro los ojos y doy gracias al cielo por que no fuese Bisbal el de la aparición estelar o, peor aún, que sólo fuesen unas pinzas y que no tuviese esos papeles de Albal puestos en el pelo, o algo por el estilo...

Surrealismo de primeros de año.

19 de agosto de 2005

De vuelta por el ruedo

Hola a todos!

Ya sé que dije que me iba sólo por un fin de semana y no he vuelto hasta después de casi dos meses, pero es que por regla general todos los veranos se me va un poco la pinza...Cuando comienzan las vacaciones siempre me prometo a mí misma que me lo voy a tomar con calma, que me voy a dedicar a la relajación y al descanso...Y luego resulta que todo se me va de las manos y se convierte en una vorágine de viajes relámpago, fines de semana absurdos y sin planear y juergas nocturnas que a veces se alargan dos noches (o más).Y claro, este verano no ha sido una excepción.

Pero sí que he de decir que este verano es especial. Porque este verano supe que iba a ser funcionaria. ¡¡No más currículums, no más entrevistas idiotas, no más comeduras de tarrooo!! (hurra!!).

Así que he tenido que aprovechar el tiempo al máximo. De ahí que me fuese por un fin de semana y no volviese (como aquel que se fue a por tabaco). Bueno, sí que he vuelto, pero sólo para deciros que me voy otra vez. Mientras tanto el verano que ha quedado atrás ha dado mucho de sí: una semana de vacaciones fuera que nunca olvidaré, muchos amigos, risas, juergas, una acampada, un triángulo amoroso y un amor platónico (del que os hablaré otro día).

Y lo que vendrá...

¡¡Feliz Verano, queridos!!

L.C.

3 de julio de 2005

Devastación

Este domingo ha sido para mí uno de los peores resacosamente hablando en lo que llevamos de año. Y es que claro, ayer era fiesta por aquí, y después del cenorro de turno (el segundo después del viernes) pues me fui con los amigos a tomar unas copichuelas por la zona. Que quien dice una copichuela dice tres. O cinco (vaya usté a saber).

El caso es que la noche fue magnífica (ligue incluído...¡¡viva la juventud!!) pero claro, siempre hay un pequeño precio que hay que pagar. Y es que esta mañana al despegar el primer ojo y hacer un rápido balance de mi estado físico general, enseguida caí en la cuenta de que eran varios los daños colaterales que se habían producido en mi maltrecho cuerpo serrano:

- El dolor de cabeza: inevitable cuando una se ha pasado con los jarros la noche anterior, así que no tengo más remedio que entonar un ’mea culpa’ y aguantarme, porque nadie me obliga a beber como una energúmena. Así que una pastillita de paracetamol y a esperar a que haga efecto. En fin, todo el mundo cuenta al menos con tener un mínimo dolor de cabeza cuando en una noche de desenfreno se pasa un poco con las copas. Y más aún si te vas a la cama estando trócola perdida, claro.

- Un ojo a la virulé: Al llegar a mi casa esta mañana tenía tantas ganas de pillar mi camita que apenas me desmaquillé (creo recordar que me lavé ligeramente la cara). Así que como últimamente me da por abusar de la sombra de ojos ’Maddie like’, cuando me desperté lo que debería estar en el párpado se había colado dentro del mismo ojo y apenas podía abrirlo. Aparte de tenerlo del color de la sangre y de que no me paraba de llorar. Todo un cuadro de dolor, vaya...

- Los pies destrozados: En principio mis nuevas y flamantes sandalias amarillas del Strafalarius han superado con muy buena nota la primera prueba de fuego, una noche entera de baile. Pero claro, después de la noche de baile hay que volver a casa, y esta vez me ha tocado hacerlo caminando, puesto que al ser fiestas ni había autobuses ni taxis disponibles. Así que, como el 90% de las veces, he llegado a casa a duras penas y caminando como el gran Gregorio de la Calzada, con el consiguiente ’enllagamiento’, ’extra-calentamiento’ y dislocamiento de mis pobres pies. Ahí es nada.

Y aquí me planto. Porque podría seguir enumerando más efectos secundarios, como la revoltura inicial y mañanera, la sed mortalísima, las vueltas que me dio la cabeza al intentar dormir la siesta, o la ansiedad que me ha entrado a la hora de cenar por comer algo salado, como jamón serrano o salsa a la marinera, por poner un ejemplo. Pero no quiero aburriros con algo que todos sabéis lo que es, además ya he cenado (y no puñados de sal, precisamente) y parece que las aguas ya vuelven a su cauce. Aunque preveo una noche con los ojos como platos, ya que me he levantado de la siesta a las 7 de la tarde.

Y ahora es cuando digo la mítica frase. A ver, todos conmigo: ¡¡No volveré a beber nunca más!! ...

Hasta el próximo finde, queridos míos.

30 de junio de 2005

Petarda

Soy petarda. Al menos así me siento y así es como me califican los que me conocen. Soy petarda y reivindico la frivolidad como forma de vida y la superficialidad como lucha contra todo lo supuestamente sesudo y profundo que nos rodea. ¿Acaso la vida no consiste básicamente en alcanzar la felicidad? Pues seamos entonces optimistas y enterremos a aquellos seres transcendentales que fuimos en el pasado, convirtiendo nuestra vida en un petardeo sin fin.

* MANUAL BÁSICO DE LA PERFECTA PETARDA:

Una noche, charlando con Sunsetonibiza, me preguntó si me había leído el libro ’Manual de la perfecta petarda’, escrito por la ’Drag Queen’ Diossa. Al decirle que no había tenido el gusto, me comentó un párrafo que rezaba lo siguiente:

’Dice Alaska, cuando se le pregunta por "qué es una petarda" (porque si hablamos de petardeo, se dice en femenino, petardas somos nosotros y nosotras): "la petarda tiene una determinada visión sobre lo que los demás consideran frivolidad, cultura popular, chabacaneria, horterada...la petarda tiene una vision elaborada sobre todo ello y un sentido del humor que le permite asimilarlo’.

Es decir, que lo básico es el sentido del humor. Lo que a ojos de los que van de ’cultos’ puede ser chabacano y hortera, a nuestros ojos puede ser ’lo más de lo más’, pues como decía aquél, ’todo depende del color del cristal con que se mira’. Así que me da igual reconocer que me gusta Gran Hermano, que amo a Madonna sobre todas las cosas, o que prefiero irme de compras a cualquier tienda barata tipo el Blanco antes que irme a un Museo o al teatro (a no ser que me invites, baby).

* PROFUNDOS VS. PETARDAS:

Sunsetonibiza me comentaba también que últimamente tiende a alejarse de aquellos que están siempre deprimidos. Hay gente demasiado profunda, que se come demasiado el coco, y eso llega a afectar a los que se encuentran a su alrededor. Y yo estoy totalmente de acuerdo con él.

Afortunadamente nosotros ya hemos superado aquellos días duros de adolescencia en los que cualquier contratiempo podía con nosotros y nos hacía encerrarnos en nuestra habitación, mientras nos torturábamos con canciones y gestábamos ideas suicidas (en plan ’me tomo una caja de aspirinas y me mato’) plasmándolas en papel cual ’escritores malditos’. Quizás la imagen quede muy bien como protagonistas de ’Rebelde sin causa’ o algo similar, pero oye, qué quieres que te diga, una vez superadas determinadas etapas, uno tiende a alejarse de todo aquello que le hacía daño en el pasado.

Así que la solución pasa por tomarse las cosas con optimismo y buen humor. Y para eso ayuda mucho el juntarse con personas de la misma especie (léase petardos o petardas), que te ayuden a quitarle un poco de hierro al asunto o que te saquen a bailar a cualquier garito donde pinchen a Raffaella Carráo alguna así por el estilo...

* MÚSICA PETARDA:

Para mí siempre serán inolvidables aquellas noches en las que salía por Madrid con mi grupo de amigos de entonces (¿qué fue de aquello?): nos emborrachábamos con cualquier cosa ’poco fina’, como sangría o cerveza (como un ’giri’ cualquiera) y nos lanzábamos a la pista de la Sala El Sol, Morocco o el Moon. Y una vez que empezábamos a bailar ya no nos importaba hacer el rídiculo ni nada por el estilo, pues la música de Madonna, la Carrá, Alaska (Fangoria o como diablos se llame), o cualquier petarda años 60 como la Dúrcal o Marisol hacía todo lo demás:

’Tengo el corazón contento corazón contento
y lleno de alegría
tengo el corazón contento desde aquel momento
en que llegaste a mí...’


...Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa. Y entre el cante y el baile. Porque a las petardas nos encanta cantar y bailar, no necesitamos más para que una noche de fiesta sea inolvidable. Y si te echan del Morocco por pedir insistentemente a Madonna porque el D.J. se ha cansado de aguantar a ese grupo de petardas, mejor que mejor (ya tenemos algo que contar). Seamos excesivas!!

* SEAMOS MÁS PETARDAS SI CABE:

Los deportes nacionales de las petardas son dos: ir de compras y criticar. Como os comentaba antes, la superficialidad nos empuja a preferir cuatro trapos del Zara en rebajas a una tarde en la Opera, por poner un ejemplo. Y ya no os digo nada si la tarde de compras incluye un café con otra petarda (o varias) donde el tema principal sea el criticar.

Sunsetonibiza me contaba lo que ’El Manual de la Perfecta petarda’ (que a partir de ahora será nuestra Biblia particular) dice al respecto:

’La petarda es fashion-victim y drama-queen (...). Aunque la petarda es eminentemente vaga y siempre está ocupada en tonterías y perdiendo el tiempo viendo la tele o por ahí de compras, de alguna manera busca cada día el momento de practicar su deporte favorito: CRITICAR (...). La petarda es una lianta y una criticadora profesional. Es una maruja y suele ser bastante falsa. Salir de compras es para la petarda su primer mandamiento’.

¿Qué se puede decir tras esta genial definición? Nada, porque es totalmente cierta. No hay nada que nos guste más que el cotilleo descarnado y los trapos, así que ya sabéis, como dice la canción de Circodelia:

’Es difícil madurar cuando se tienen
tres toneladas de ropa.
Admitámoslo,no existe mejor plan
que irse de compras’


Pero otro punto de las petardas es que, cuando estamos tristes, somos un tanto patéticas. Aunque...¿hay algo más sublime que el patetismo asumido, consciente, llevado hasta sus últimas consecuencias?...Pero ojo, que ese patetismo consciente sólo nos lleva a, como mucho y en ocasiones, vaciar la nevera o, como dice Diossa, ’ponernos finas a base de cocidos, nocillas, bombones, espaguetis, chuches, churros, leche condensada, chocolate blanco, helados y bollería industrial en general. Luego nos arrepentimos y alternamos temporadas de régimen estricto porque nos hemos puesto como vacas de concurso’.

* PETARDOS Y PETARDAS:

Siempre se me ha planteado un problema respecto a la definición de petarda, pues no sé por qué, me suena como más descriptiva en femenino que en masculino (aunque petardos también los hay, y muchos). Hablando de este extremo con Sunsetonibiza (como veis, nuestras conversaciones dan para mucho), éste volvió a echar mano del manual de Diossa, que dice lo siguiente:

’La diferencia entre Petarda y Petardo: Petarda NO es el femenino de petardo, así como moca no es el femenino de moco. O si no, comeos una tarta de mocos a ver qué tal. Petarda es una palabra que engloba a ambos sexos. Según algunos expertos, la conjunción de la calidad de petarda y petardo en una misma persona y a un mismo tiempo, podría provocar una paradoja espacio-temporal que destruiría el cosmos. No obstante, partiendo de la mezcla de ambos términos petarda y petardo, se conoce a este híbrido con el nombre genérico de “pedorra”.’

Como yo no soy una experta, y sólo me baso en lo que es mi experiencia personal y la de mis amigos, no me queda muy claro lo de la paradoja espacio-temporal que destruiría el cosmos, porque sigo pensando que petardos los hay a patadas. Pero bueno, os invito a merendar un café con tarta de mocos y santas pascuas, ¿hace? (y no os preocupéis, que para cenar hay ’Biomanán’)

* PETARDAS Y FAMOSAS:

Las petardas somos iconoclastas y además mitómanas. Adoramos a nuestros ídolos terrenales y paganos y nos importa un bledo admitirlo. Como os contaba antes, adoro a Madonna sobre todas las cosas, ella es mi guía e inspiración. Y Sunsetonibiza adora a la actriz hindú Helen, siempre con sus pestañas postizas, sus lentillas azules e hipermegaoperada como ella sola. Quizás quedaría más guay afirmar que adoramos a Teresa de Calcuta, pero qué quieres que te diga...

En su libro, Diossa dice que petardas famosas son Alaska, Divine (musa de John Waters), Fanny McNamara, Marujita Díaz o monstruosidades tales como Grace Jones (petarda posmodernista).

Adoramos a Madonna, a Sarah Jessica Parker, a Jennifer o cualquiera que se nos ponga delante, siempre que podamos copiar su peinado, su ropa o su look en general. Y si pongo la tele no quiero ver el telediario, prefiero ver ’Desperate Housewives’ (o mi difunta SATC, cielosanto!) que no me hace comerme tanto la cabeza, mira tú. Y es que sólo nos gusta lo superficial...

’Hagamos algo superficial y vulgar
Algo tonto que hayamos hecho ya
Cada dí­a me cuesta un poco más
Acostumbrarme a tanta vulgaridad
Así que hagamos algo muy muy vulgar
Algo tonto que hayamos hecho ya
Es muy fácil pero hay que respetar
Los diez mandatos de la Ley de Caifás’


* POR ÚLTIMO...LO PEOR:

Un último apunte que me viene a la cabeza tras leer algún extracto del ’Manual de la Perfecta Petarda’, es que para nosotras todo es ’lo peor’. Pero no os confundáis, porque ’lo peor’, quiere decir exactamente que algo es ’lo más’. Así que, para ir acabando, te diré, amigo Sunset, que eres ’lo peor’, y que gracias a ti he podido acabar de elaborar este manifiesto en el que, por fin, y después de tantos años recibiendo este cariñoso apelativo, me declaro abiertamente una petarda.

(Dedicado a Alvaro, a Carolina, a José Luis, a Alberto, a Adriana, a Toni, a Elena, y a tantos y tantos petardos que han pasado por mi vida de los que ahora ni me acuerdo)."

28 de junio de 2005

Reencuentro

Ayer por la tarde me reencontré con una antigua compañera del colegio. La vi de lejos y enseguida la reconocí, no había cambiado nada, así que con los brazos abiertos me levanté de mi silla y me acerqué a ella que se mostró tan emocionada como yo. Y eso que han pasado al menos como 4 años desde la última vez que nos vimos, y 15 años desde que dejamos de ir juntas a clase. 15 años! que se dice pronto...

Lo curioso es que N. iba acompañada de su madre y empujando el carrito de un niño. De su hijo. Ya ves, hace años que no la veo y de repente la encuentro con un hijo rubio precioso, lo que implica que por el medio ha tenido novio, se ha casado, se ha quedado embarazada y ha tenido un bebé. Ha hecho todo eso! Porque, coño, yo después de estos años sigo siendo tan absurda como siempre, en mi vida no ha pasado nada positivo o digno de mención. Pero tener un hijo, como que tampoco me apetecía, ya ves...(de hecho, estoy pensando en comprarme un perro)

Después de hacerle un par de carantoñas al niño (¡que me odiaba!) y de ponernos al día, N. se fué con promesas de volvernos a ver. Y yo me quedé sentada en la terraza del bar con mi cocacola light, mi corte de pelo estupendo y mi bronceado de ciudad.

(En el fondo qué feliz soy!!)

13 de junio de 2005

The Strange

A veces encuentro un extraño placer en el hecho de estar sola. Esta misma tarde he salido a correr hasta El Entrego (3 Km de ida y 3 Km de vuelta) y pese a que al principio me siento un poco agobiada por no poder hablar con nadie (estoy acostumbrada a correr en compañía), al momento empiezo a sentirme bien sin motivo aparente. Yo sola con mis pensamientos, corriendo a mi ritmo, con el sol del atardecer calentándome la espalda y la brisilla que viene del río y que huele a verano animándome el camino.

Casi siempre encuentro a alguien conocido, 'hola-adiós-hasta pronto-te queda menos-así se hace-a ponerse en forma'; y me siento bien sonriendo a un lado y a otro. A veces el mero hecho de encontrar a alguien te anima a continuar hasta el final.

Otras veces te encuentras a corredores que van en dirección contraria y que te saludan, o simplemente te miran con ojos de solidaridad (sobre todo si les ves que no van sobrados, como tú), entonces respiras hondo y te sientes bien, aprietas el ritmo y continuas.

Paseantes, adolescentes en patines, perros, niños, pandillas de jubilados (dios os libre de decirme algo!), mujeres cotilleando, bicicletas. Y la tarde estupenda, y tú pensando que a veces no hacen falta grandes acontecimientos para sentirse bien, y te alegras porque te das cuenta de que empiezas a apreciar las pequeñas cosas de la vida...

25 de mayo de 2005

Estoy quemada

Estoy quemada!

Pero no os equivoquéis, que no es que esté fastidiada por nada ni por nadie, es que literalmente estoy quemada por el sol...

Me encanta la vida de pensionista. La mejor sensación de cada día es despertarme por las mañanas y pensar que tengo todo el día por delante para hacer lo que me dé la santa gana. Ni ir a trabajar a una hora, ni al gimnasio a otra, ni ver a fulanito a las tal y pascual. Todo el día para mí y mis cosas. Me flipa la gente que dice que ’si no hace nada’ (refiriéndose, claro está, al trabajo) se aburre.

Y es que...hay tantas cosas por hacer! Comer, beber, leer, ver la tele, correr, pasear, tomar el sol, quedar, comprar, charlar y un etcétera tan largo que paso de gastarme los dedos escribiendo más infinitivos.

Y si leyendo esto alguien está pensando que soy una vaga tiene toda la razón: lo soy.

¿Y qué?...

(P.D. Mañana vuelvo a la playa)